El dibujo para inspirarse


DIÓGENES

Jules Bastién Lepage

Un dibujante y pintor paisajista francés, entonces bastante desconocido, la verdad, Jules Bastien Lepage se llamaba, nos presenta de repente, en 1905, a un Diógenes sin miramientos, duro, descarnado en su desnudez, desprovisto de todo salvo de su lámpara, con mirada suspicaz, cínico, quizá ensimismado. Por no tener no tiene ni paisaje, ni siquiera el interior de su cuba en la que el filósofo griego vivía en el mercado de Atenas para vergüenza pública de los ciudadanos atenienses, a quienes demostraba así que el rechazo a los bienes materiales es una forma de perfección. Si nuestro pintor francés le pinta la lámpara es porque ella es un atributo indiscutible de Diógenes el cínico, quien según la leyenda la paseaba entre la multitud y cuando le preguntaban qué quería encontrar con aquella lámpara encendida a plena luz del día, contestaba:  ‘busco a un hombre honesto’.

Esta imagen destaca por ser como el motivo que trata, honesta, directa, sin pretensiones complejas, pero sin artificios ni trucos. Lo que hay es lo que se ve, nada más, ni falta que hace.

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