Delirios de grandeza


Edward Petrovich Hau: Dibujando los caprichos de un déspota

La Gran Capilla Palatina del Palacio de Invierno. En el techo La Resurrección y en las pechinas Los Cuatro Evangelistas, pintados por Brulov. En el iconostasio se conservaban las reliquias de San Juan y el retrato de la Virgen atribuido a San Lucas. El Zar Pablo I, elegido Gran Maestre de la Orden de Malta, los hizo trasladar hasta la isla del Mediterraneo después de su conquista por los Franceses en 1799.

Por primera vez en español, que sepamos, se publica en este blog la breve y desconocida biografía de un dibujante cuyas acuarelas causan sensación y que ha tenido una gran acogida en internet desde que diferentes sitios webs de Estados Unidos las publicaron hace ya un par de años, por haber sido liberados sus derechos de reproducción bajo licencia de Creative Commons. Hablamos de Edward Petrovich Hau.

La Sala de los Fedmariscales, adornada con los retratos de los mariscales rusos de la época de Nicolás I y siempre custodiada por los cosacos de la Guardia. En ella se instaló, después de haberse pintado esta acuarela un horrible cañón, regalo de Guillermo I de Prusia al Zar Alejandro II.

 

Edward Petrovich Hau (también conocido como Edward P. Gau) nació en Revel, la actual ciudad de Tallin, capital de Estonia, en 1807, en una familia de artistas, a pesar de lo cual se le considera actualmente un pintor acuarelista ruso, pues en sus tiempos los países bálticos estaban bajo el dominio de Rusia.

Recibió sus primeras lecciones de arte  de su padre, el también pintor paisajista Johannes Hau, de quien se conocen varias vistas de Tallin. Estudió desde 1830 pocos años en la Academia de Bellas Artes de Dresde.

En 1836 se trasladó a Dorpat y comenzó su trabajo con una colección de retratos de los Profesores de la Universidad Imperial de Tartu. Entre 1837-1839 trabajó en el Instituto de litografía G. P. Schlater y posteriormente se trasladó a San Petersburgo.

En 1854 fue declarado Miembro de la Academia de las Artes de San Petersburgo.

En primer lugar trabajo como retratista siguiendo los pasos de su hermano Vladimir Ivanovich, a quien llamaron Valdemar (posíblemente por Valdemar II de Dinamarca, quien dio origen a su ciudad de nacimiento) y que llegó a ser retratista oficial los Zares, desde Nicolas I a Alejandro III.

Más tarde los Zares Romanov reunieron a los pintores que trabajaban en la Corte y les hicieron el encargo de la realización de cuadros de interiores de los grandes palacios rusos, entonces la pintura de Edward P. Hau volvió los ojos hacia la arquitectura creando una serie de acuarelas de una notable calidad técnica con la que consiguió superar a los otros pintores que también fueron contratados para la misma tarea por la familia imperial Rusa, que eran Vasily Semenovich Sadonikov, Alexander Kristoforovich Kolb, Luigi Premazzi y Konstantin Andreyevich Ukhtomsky.

Tras su muerte en la capital zarista en 1887 fue enterrado en el cementerio de Dorpat.

La colección de dibujos a la acuarela que presentamos se realizó en tres ciudades, Moscú, San Petesburgo y Gachina. De Moscú son las correspondientes al Gran Palacio del Kremlin y del Palacio Nicolaiev. En San Petesburgo corresponden a interiores del Mijajlovsky, del Hermitage y del Palacio de Invierno. En Gachina del Gran Palacio de Gachina.

La Rotonda. En las paredes, entre terciopelos, los retratos de Nicolas I, de Rotmann, y de la Zarina Alejandra Feodorovna, de Winterhalter.

De todos ellos el más imponente, sin duda, es el Palacio de Invierno de San Petesburgo, hoy sede del Museo del Hermitage, del que os contaré ahora cosas que ponen los bellos de punta:

El Palacio de Invierno en San Petersburgo, Rusia, llamado coloquialmente ‘Piter’, es el tercer complejo residencial más grande del mundo, tras el Vaticano y Versalles, y fue desde 1732 hasta 1917, la residencia oficial de los zares de Rusia. Situado entre el Embarcadero del Palacio y la Plaza del Palacio, junto a la sede de Palacio original de invierno de Pedro el Grande, el presente y cuarto Palacio de Invierno fue construido y modificado de manera casi continua entre finales de los años 1730 y 1837, cuando fue severamente dañado por el fuego e inmediatamente reconstruido. La toma del palacio en 1917 se convirtió en un símbolo icónico de la Revolución Rusa.

Uno de los boudoir de la emperatriz

El palacio fue construido en una escala monumental que tenía la intención de reflejar la fuerza y el poder de la Rusia Imperial. Desde el palacio, el zar y autócrata de todas las Rusias gobernaba 22.400.000 kilometros cuadrados (casi un sexto de la masa de la Tierra) y 176.400.000 súbditos. Fue diseñado por  muchos arquitectos, sobre todo Bartolomeo Rastrelli, en lo que llegó a ser conocido como el estilo isabelino, barroco, el palacio es de color verde y blanco y tiene la forma de un rectángulo alargado.

La Galería de 1812, con los retratos de doscientos cincuenta generales que se distinguieron en la guerra contra Napoleón, pintados por Dawe. Al fondo el Zar Alejandro I a caballo.

Pero sigamos con los números: el palacio se ha calculó para contener 1.786 puertas, 1.945 ventanas, 1.500 habitaciones y 117 escaleras. Su fachada principal es de 150 m de largo y 30 m de altura. La reconstrucción de 1837 dejó sin cambios el exterior, pero gran parte del interior han sido rediseñados en una variedad de gustos y estilos, lo que le llevó a ser descrito como un “palacio del siglo XIX inspirado en un modelo de estilo rococó”. Pero si todo esto no nos impresiona, bastará saber que la servidumbre de los Zares estaba formada por un conjunto de 6.000 criados, sí, lees bien, SEIS MIL. Por lo que es fácil comprender que, además de ellos, el Palacio estaba habitado por todo un submundo de tribus urbanas que, ocultas a la apariencia exterior, se refugiaban en escondrijos y vivían de las ampulosas sobras que se derrochaban en Palacio.

Entrada al jardin de invierno de la emperatriz Alejandra Fiodorovna

Aún había otro grupo de habitantes mucho más numeroso y ‘peligroso’: los centenares de miles de ratas y ratones que poblaban los desvanes y que habían hecho de los pisos altos su fortaleza, hasta el extremo de dar al traste con los intentos de los habitantes humanos de los sótanos por acceder a las habitaciones altas y también hasta el punto de ser los causantes del gran incendio que arrasó el Palacio en el año 1837.

La Sala de Pedro el Grande, popularmente apodada 'Peter Hall', tapizada de terciopelo salpicado de águilas bicéfalas de oro, símbolo del imperio ruso. Al fondo, entre dos columnas de jaspe, tras el trono imperial, un cuadro de Amigoni que representa a Pedro I guiado por la Gloria. La iluminación de la sala se hacía con lámparas de araña y candelabros de plata. En esta sala se congregaba el cuerpo diplomático para felicitar el Año Nuevo al Zar.

En 1905, el palacio fue el escenario de la masacre del Domingo Sangriento, pero en ese momento la familia imperial había optado por vivir en el más seguro y aislado Palacio Alejandro de Tsárskoie Selo, y regresó al Palacio de Invierno sólo para los más formales y más raros ocasiones del estado. Tras la revolución de febrero de 1917, el palacio fue durante un corto tiempo la sede del Gobierno provisional ruso, dirigido por Alexander Kerensky. Más tarde, ese mismo año, el palacio fue asaltado por un destacamento de soldados del Ejército Rojo y por marineros, un momento decisivo en la revolución Bolchevique, comparable, aunque solo sea teatralmente hablando, a la Toma de La Bastille en la Revolución Francesa.

El Gran Salón Dorado, decorado con jarrones de lapislázuli y marroquineria barroca, era usado por el Zar para sus despachos con embajadores rusos en el extranjero, pero también lo usaba en ocasiones la Emperatriz para recibir a sus amistades.

En una nota menos gloriosa, los saqueos de un mes de las bodegas del palacio durante este agitado período llevaron a lo que ha sido descrita como “la mayor resaca de la historia”. Hoy, el palacio restaurado forma parte del complejo de edificios que albergan el Museo del Hermitage.

En general, a la hora de apreciar el preciosismo de estas acuarelas, y para poder tener cierto criterio para su valoración, se establecen categorías entre ellas que se basan en los reflejos conseguidos en los suelos, en las dificultades de las perspectivas trazadas sobre las cúpulas, (aunque casi todas las perspectivas son de un solo punto de fuga, las concavidades y convexidades las hacen mucho más complejas), en las iluminaciones de los espacios interiores y en la homogeneidad en las gamas cromáticas utilizadas, lo que no tiene que ver con que solamente aparezca una tonalidad de color, sino que los colores utilizados estén quebrados en el mismo porcentaje lumínico.

La Sala de Los Cupidos, de un estilo sobrecargadamente Rococó, se adornaba con esmaltes neoclásicos y con grandes espejos que causaban tremenda impresión entre las esposas de los mariscales a quienes invitaba la emperatriz. Los techos se vestían con amorcillos enmarcados entre nubes de remates dorados y las columnas parecían nacer de centros de flor que en muchas ocasiones guardaban pequeñas fuentes.

Existen excelentes colecciones de estas numerosas acuarelas a disposición general, pero por su enorme peso, sugiero que para su descarga utilicési algún programa gestor de descargas. Una de las direcciones de donde poder descargarlas con archivos intercambiables son estas:

Download desde FileServe:
Part1
Part2
Part3
Part4
Part5
Part6

Download desde FileSonic:
Part1
Part2
Part3
Part4
Part5
Part6

 

 

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