El dibujo para inspirarse


Retrato de madre vestida de profetisa

Rembrandt van Rijn

Oleo sobre lienzo

35 x 29 cms.

En torno a 1650.

Si mostramos hoy este dibujo al óleo del gran maestro Rembrandt no es, como podéis suponer, por la belleza de la modelo, ¡qué mujer tan fea!. Bueno, cierto es que ya era muy mayor en esta pose, pero existen otros cuadros de ella, también realizados por su hijo, en los que su belleza no es lo más importante del cuadro, afortunadamente.  Así que si la buena mujer no era un manojito de nardos, ¿dónde está la belleza de este cuadro?.

Lo mejor del cuadro es la técnica con la que está realizado, que nos muestra lo libre que era Rembrandt a la hora de pintar y lo poco que se sometía a las normas tradicionales de las técnicas pictóricas. Para él lo importante era llegar a conseguir lo que quería a toda costa y no pararse en la manera en la que ortodoxamente podía conseguirlo.

Rembrandt dibujaba muy bien, tenía mucha facilidad para encajar los dibujos a la primera y por eso en muchas ocasiones dibujaba directamente sin bocetos previos, sobre el lienzo, o, como ya hemos visto enotras ocasiones, sobre las planchas de cobre cuando lo que hacía eran grabados. Pues bien, sobre el dibujo hecho en el lienzo con la grisalla (una mezcla de sombra-siena tostada y negro, mezclada con esencia de trementina) comenzaba directamente a pintar con colores oscuros primero, que conseguía con muy poca cantidad de pintura, y luego iba metiendo colores más claros con pintura más espesa para que no se le mancharan, quizá al principio con cierto orden, pero luego tal como su inspiración le dictaba. Para conseguir los efectos de luz tomaba pintura blanca o amarilla clara y la aplicaba muy seca y pastosa frotándola sobre el lienzo, la llamada técnica del frotis. Podemos ver esos empastes exagerados en la mejilla, la nariz y la barbilla, aunque en esta última no lo parezca porque…

¡¡¡ Porque el muy bandido le ha dado la vuelta al pincel y ha rayado el lienzo con la punta contraria a las cerdas!!! Lo mismo ha hecho, aunque esta vez más ordenadamente, en la camisa, para conseguir la textura del encaje en el tejido, al rayar la pasta blanca con el mango del pincel se ve debajo el color más oscuro pintado previamente. Por contra la superficie oscura del traje y el mismo fondo del cuadro tienen tan poca cantidad de pigmento que se aprecia la textura tramada de la tela.

Brutal el maestro en su genial libertad creadora, tan concentrado en la imagen que la pintura no le importa y casi la modela, lo que no volverá a hacer nadie hasta que lleguemos al impresionismo de Vincent Van Gogh.

Anuncios

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. javier
    Ene 25, 2011 @ 21:58:09

    Juan, no es posible dejarte comentarios

A %d blogueros les gusta esto: