Cómo se prepara una imagen


La rendición de Granada

Francisco Pradilla. 1882.

Óleo sobre lienzo 330 x 550 cms

“Yo no estoy contento sino de la tonalidad del aire libre como conjunto, de haber conseguido detalle dentro de éste, y de la disposición general como perspectiva exacta y como ceremonia”.

Bueno, quizá el propio pintor no estuviera muy contento con el resultado de su obra, pero al parecer el resto de españoles sí lo estuvieron y aún lo están, tanto que ésta obra es sin lugar a dudas la joya más preciada de la colección artística que se guarda en el Palacio del Senado en Madrid y seguramente también la más espectacular y asombrosa que un pintor español llevó a cabo dentro del género de pintura histórica en el siglo XIX, motivo más que suficiente para recomendarte que la descargues en alta definición y la observes con extremo detalle en tu programa favorito de tratamiento de imágenes, pues las imágenes que puedes encontrar facilmente por la red tienen muy mala calidad. Lo cual, sin embargo, no basta para comprender todos los pormenores de la obra y que nos contó Don Francisco Pradilla en la carta que remitió al Senado explicando el fruto de su trabajo:

“Mi composición es un segmento de semicírculo, que el ejército cristiano forma desplegado, paralelo a la carretera. En la planta supongo que, en medio del semicírculo, están situados los caballeros, teniendo o guardando en medio a las damas de la Reina; ésta, el Rey y sus dos hijos mayores están situados delante y en el centro del radio, con los pajes y reyes de armas a los lados. El Rey Chico avanza por la carretera a caballo hasta la presencia de los Reyes, haciendo ademán de apearse y pronunciando la sabida frase. El Rey Fernando le contiene. Con Boabdil vienen a pie, según las capitulaciones, los caballeros de su casa. Supongo el diámetro del semicírculo algo oblicuo a la base del cuadro, y esta disposición permite, sin amaneramiento ni esfuerzo alguno, se presenten los tres Reyes al espectador como más visibles. A ello contribuyen también las respectivas notas de color: blanco-azul-verdastro, la Reina y su caballo; rojo, el Rey Fernando, y negro, el Rey Chico.


Habiendo cortado mi composición cerca de los Reyes, se presentan en el cuadro por orden respectivo: primero, un rey de armas, tamaño natural, figura voluminosa que a algunos parecerá excesiva a causa del sayal y dalmática que la cubren y de la vecindad del paje de la Reina, por comparación.

Sigue a este paje, que sujeta el caballo árabe (por ser de menor volumen) de la Reina, el cual es blanco, está piafando y da lugar al movimiento erguido de Isabel, que viste saya y brial de brocado verde gris forrados de armiño, manto real de brocado azul y otro con orlas de escudos y perlas; ciñendo la tradicional toca y la corona de plata dorada que se conserva en Granada. Sigue su hija mayor Isabel, viuda reciente del Rey de Portugal; viste de negro y monta una mula baya.

Después el Príncipe Don Juan, sobre caballo blanco y coronado de diadema. Como los hijos están entre los Reyes, sigue Don Fernando (siempre con la disminución perspectiva), cubierta su persona con manto veneciano (que usaba según diversos datos que poseo) de terciopelo púrpura contratallado, montando un potro andaluz, cubierto de paramentos de brocado. Su paje, que lleno de admiración, contempla al Rey Chico, tiene el caballo por las bridas falsas. Corresponde después el otro rey de armas, y detrás está, entre Torquemada y varios Prelados, el confesor de la Reina.

Volviendo al primer rey de armas, los caballeros que hay al margen del cuadro, son: el Conde de Tendilla, cubierto de hierro, montando un gran potro español; el gran Maestre de Santiago, sobre un potro negro; Gonzalo de Córdoba, que conversa con una de las damas; el de Medina Sidonia y otros caballeros de los que no conozco retratos. Detrás de Don Fernando, el Marqués de Cádiz y los pendones de Castilla y de los Reyes.

He puesto los cipreses detrás de la Reina, para destacarla por claro en su masa sombría, y caracterizan también el país. Boabdil, al trote de su caballo negro árabe de pura sangre, ligeramente paramentado, avanza y sale de la carretera, inclinándose para saludar al Rey y entregarle las dos llaves que a prevención traía; el paje negro que guía su caballo, camina inclinado, confundido entre la grandeza de los Reyes cristianos, y en los caballeros moros, que, según el ceremonial, vienen a pie detrás del Rey Chico, he querido manifestar los diversos sentimientos de que se encontrarían poseídos en semejante trance, más o menos contenidos en la ceremonia, según el propio carácter. Trompeteros y timbaleros en el ala del ejército cristiano, que a lo lejos se divisa, entre Boabdil y el Rey Cristiano, comitiva de moros, un alero de la Mezquita, los chopos que indican el curso del Genil, que no se ve por correr profundo y en el fondo, la Antequeruela con sus muros, parte de Granada, las Torres Bermejas y de la Vela, que con parte de los Adarbes es lo único que se divisa de la Alhambra desde este punto”.


La escena, que posiblemente no se ajuste a la realidad, parece situarse en las inmediaciones de una mezquita , ahora ermita de San Sebastián, que se situa en la margen izquierda del Genil, en el actual Paseo del Violón. Y esto se deduce de la espléndida perspectiva del cuadro, con la Alhambra en el horizonte, en lo alto, sobre el cerro denominado La Sabika, y las murallas de Granada en la parte baja.

Pradilla se documentó concienzudamente, tanto en la reproducción de objetos históricos de la época (por ejemplo, la corona y el cetro de la reina Católica son los que se conservan en la Capilla Real de Granada; o la espada del monarca nazarí es la que se guarda en el Museo del Ejército de Madrid, entre otras muchas referencias utilizadas por el pintor para proporcionar verosimilitud arqueológica), como en los textos históricos que relataban el acontecimiento, en los que, por cierto, no se alude a la presencia de la reina Isabel en el momento de la entrega de llaves, lo que se justificaba por el carácter intelectual del género y, en definitiva, por la verdad del mensaje. Se conocen varios estudios previos para la realización de la pintura, que demuestran el metódico esfuerzo llevado a cabo por el artista hasta alcanzar watw resultado final tan extraordinario

 

Podemos ver en estas imágenes que acompañan al cuadro varios de los estudios previos sueltos que el pintor realizó para diferentes partes de la obra, algunos de ellos fueron luego rechazados, como el caballero de armas que se muestra más abajo, otros no solamente se incluyeron sino que dieron lugar a otras composiciones posteriores, como el estudio del suelo que se enseña aquí encima y que dió lugar a el cuadro suyo titulado ‘El caminante’. Por último, otros estudios se perdieron, comno los realizados en el Museo del Ejército sobre la espada de Boadil. Se conocen también dos estudios completos previos de la obra y hasta tres versiones posteriores.

Los detalles del primer término, el barro del camino o las matas de hierba, los brocados, las túnicas o las armaduras de los ejércitos que aguardan, están ejecutados con una maestría y jugosidad tal que, por sí solos, bastarían para acreditar a un gran pintor.

Desde un punto de vista formal, la obra evidencia la insuperable habilidad técnica de Pradilla para reproducir, con la máxima fidelidad, las cualidades de las cosas: desde la indumentaria a la naturaleza, desde los animales a la arquitectura, todo tiene la calidad sensorial que, visualmente, se le supone, en un alarde tan fastuoso que llega a ocultar cuanto de decorativismo y artificiosidad hay en la escena.

Pero nada de ello es sencillo ni gratuito y los estudios precios realizados como texturas de trajes y modelos de bordador, o como dibujos de los objetos concretos que usaban los Reyes Católicos, cetros, coronas y espadas, que se conservan en la Catedral de Granada, dan fe de ello.

 

Así que es fácil entender que el cuadro pudiera comenzar a realizarse en Granada, pero que acabara de concretarse en Roma, lugar desde el que pintor lo envió al Senado español.

 

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Cristina
    Feb 18, 2011 @ 23:27:32

    Maravilloso trabajo, amado dibujante, con licencia de Ana, por supuesto…
    Me imagino a Pradilla, paseando por los salones del Prado, para algo era su director y escudriñando los cuadros…
    Es pasmoso lo de las texturas… Es mágico… Verdad?

    • Juan Muro
      Feb 19, 2011 @ 08:24:34

      Absolutamente mágico, querida. Cuando pintó este cuadro, (por el que le pagaron 50.000 pesetas, el doble de lo estipulado inicialmente) en 1882, Pradilla era el Director de la Academia Española en Roma, que había sido creada en 1874. En aquella época acababa de morir Mariano Fortuny y su influencia sobre los pintores españoles fue enorme. Pradilla fue fruto de esta influencia. En febrero de 1896 fue nombrado director del Museo de El Prado, hasta julio de 1898 en que dimitió a consecuencia de la desaparición temporal de una obra de arte. Sin duda es el mejor pintor aragonés después de Goya, pero es poco conocido porque su obra está dispersa en colecciones particulares de familias burguesas españolas. Se le conoce sobre todo por esta obra y por la de “Juana la Loca paseando el cadáver de Felipe el Hermoso por los campos de Castilla”, otra maravilla, pero en sus facetas de paisajista, retratista, costumbrista y hasta de ilustrador de revistas, es casi desconocido. Sin embargo los dibujantes siempre le hemos tenido por uno de los más nobles y gentilhuomos, y quienes tuvieron la suerte de conocerle y ser sus amigos, como Sorolla, presumían de ello. En su catálogo aparecen diecisiete de sus pinturas en “paradero desconocido”, (que debe ser una de las más pobladas exposiciones de arte español).

  2. javier
    Feb 19, 2011 @ 21:00:27

    paradero desconocido… recuerdo en el alfonso XIII de sevilla, antes que entursa se hiciera cargo de él, ( creo que era una cadena catalana la que lo administraba antes de entursa), que no sólo fueron a paradero desconocido la cuberteria de plata de la inuaguración , si no cuadros algunos de primeras firmas y grabados
    Son los misterios pendientes de resolver en nuestra sociedad española
    Magnífico trabajo…si señor

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