Artemisia violada, también artísticamente.


¡Esto no es un cuadro, es una denuncia!

“Judith y Holofernes”

Óleo sobre lienzo. 1612-1613

Artemisia Gentileschi

El mundo del arte también ha sido tradicionalmente machista. Las mujeres pintoras han sido minusvaloradas en lineas generales, pero pocas han sufrido la discriminación y la ofensa del modo tan cruel que le toco vivir a esta coetánea de los grandes pintores del tenebrismo italiano. Solo en los últimos años su obra es analizada como merece, fuera de prismas estereotipados y sexistas, inducidos a veces por una vida novelesca que os cuento a continuación:

Artemisia nació el 8 de julio de 1593 en Roma, era hija del pintor barroco Orazio Gentileschi, una auténtica bestia con los pinceles. La niña perdió a su madre a los doce años y quedó al cuidado de su padre, quien la guió en el arte de la pintura, ya que destacaba en él más que sus hermanos, mostrándole el trabajo de los artistas de Roma y enseñándole la técnica del dibujo claro, del empaste y del claroscuro característico del tenebrismo de  Caravaggio, con quien Orazio estaba emparentado. Sin embargo, más que el perentesco de Caravaggio y la forma de tratar la luz del genio de Nápoles, que no son moco de pavo, un hecho terrible influyó en la vida de la bella Artemisia:

Susana y los viejos, fue el primer cuadro de Artemisia, firmado cuando tenía 17 años, posiblemente realizado con la ayuda de su padre

A los 19 años Orazio puso a su hija un preceptor privado, el pintor Agostino Tassi, con quien estaba trabajando en la decoración de unos techos, para aprender perspectiva porque las escuelas de Bellas Artes no permitían la inscripción de mujeres. Desde el primer momento Tassi estuvo impresionado por la belleza de la joven y aquel mismo año, 1612, la violó e intentó calmar la ira de su padre con promesas de matrimonio que no se cumplieron, (estaba casado el muy cabrón), por lo que Orazio inició un juicio en su contra ante el Tribunal Papal. La instrucción, que duró siete meses, permitió descubrir que Tassi había planeado asesinar a su esposa, que cometió incesto con su cuñada y hasta que había querido robar ciertas pinturas de Orazio Gentileschi. Del proceso que siguió se conserva documentación exhaustiva, que impresiona por la crudeza del relato de Artemisia y por los métodos inquisitoriales del tribunal.

Artemisia fue sometida a un humillante examen ginecológico y torturada usando un instrumento que apretaba progresivamente cuerdas en torno a los dedos -una tortura particularmente cruel para un pintor-. De esta manera se pretendía verificar la veracidad de sus acusaciones, pues se creía que si una persona decía lo mismo bajo tortura que sin ella, la historia debía ser cierta. Pero al final Tassi fue condenado a un año de prisión y al exilio de los Estados Pontificios.

Este es el testimonio de Artemisia en el proceso, según los documentos de la época:

“Cerró la habitación con llave y una vez cerrada me lanzó sobre un lado de la cama dándome con una mano en el pecho, me metió una rodilla entre los muslos para que no pudiera cerrarlos, y alzándome las ropas, que le costó mucho hacerlo, me metió una mano con un pañuelo en la garganta y boca para que no pudiera gritar y habiendo hecho esto metió las dos rodillas entre mis piernas y apuntando con su miembro a mi naturaleza comenzó a empujar y lo metió dentro. Y le arañé la cara y le tiré de los pelos y antes de que pusiera dentro de mi el miembro, se lo agarré y le arranqué un trozo de carne”.

No profundizaremos más en ‘los pelillos’ de este suceso, que esto no es ninguno de nuestro vomitivos canales de Televisión. Es posible que penséis que en aquella época la violación era más normal que hoy en día, no estoy muy seguro de ello, pero en cualquier caso el daño estaba hecho y el trauma ocasionado se deja entrever en algunas obras de la pintora, que encara temas escabrosos en los que la mujer, fuerte y protagonista, ejerce de ejecutora justiciera contra el maldito sádico masculino:

Y es poco casual ver en los protagonistas de los sucesos bíblicos interpretados por Artemisia su propio retrato y seguramente el de su agresor, pues la herida no cerraba, acrecentada porque su padre y su violador volvieron a ser amigos y a trabajar juntos una vez que Tassi cumplió con la pena impuesta.

Un mes después del juicio, Artemisia se casó, en un matrimonio arreglado por su padre, con un pintor florentino, Pierantonio Stiattesi, un modesto artista, lo que sirvió para restituirle a Artemisia un estatus de suficiente honorabilidad. Artemisia y su marido se instalaron en Florencia en 1614. Allí disfrutó de un gran éxito. Se convirtió en una exitosa pintora de corte. Mantuvo buenas relaciones con los artistas más respetados de su tiempo, como Cristofano Allori. Fue capaz de conquistar los favores y la protección de personas influyentes, desde el gran duque Cosme II de Médici hasta la gran duquesa Cristina. También tuvo una buena relación con Galileo Galilei con quien se mantuvo en contacto epistolar durante largo tiempo, mucho más allá de su periodo florentino.

Mientras estuvo en Florencia, Artemisia y Pierantonio tuvieron cuatro hijos y una hija. Pero sólo la hija, Prudenzia, llegó a la edad adulta. A pesar de su éxito, debido a un exceso de gastos suyos y de su marido, el periodo florentino estuvo lleno de problemas con los acreedores y con su esposo, por lo que se supone que fue esto lo que motivó su regreso a Roma en 1621. Con ella llevó a su hija Prudenzia, con la que más tarde se trasladó a Nápoles.

Se suele entender que en las telas de Artemisia, los rasgos faciales de las hermosas y enérgicas heroínas que allí aparecen tienen un parecido al rostro que aparece en sus retratos o autorretratos, en especial si se atiende a las constantes referencias de la extraordinaria belleza física de la pintora: a menudo el que le encargaba cuadros debía desear tener una imagen que le recordase visualmente a la autora, cuya fama iba creciendo. Su éxito y la fascinación que emanaba de su figura, alimentaron, a lo largo de toda su existencia, rumores sobre su vida privada. En 1621 se instaló de nuevo en Roma y se separó de su marido y en 1627 tuvo otra hija natural. Más tarde se trasladó a Nápoles, y luego a Venecia y Londres. Por último volvió de nuevo a Nápoles donde pasó los últimos años de su vida.

En un artículo del catálogo de la exposición «Orazio e Artemisia Gentileschi» que tuvo lugar en Roma en 2001 (y después enNueva York), Judith W. Mann se distancia, mostrando los límites de una lectura en clave estrechamente feminista: Suele presuponerse, dice, que todo el potencial creativo de Artemisia es sólo sobre mujeres fuertes y capaces, hasta el punto de que parece imposible imaginarla ocupada en imágenes religiosas convencionales, como una Virgen María con Niño o una virgen que acoge sumisamente la Anunciación; y además se dice que la artista rehusó modificar su interpretación personal de esos temas para acomodarse a las preferencias de un cliente compuesto básicamente por hombres. El estereotipo causa un doble efecto restrictivo: induce a los críticos a dudar la atribución de aquellas pinturas que no se corresponden con el modelo preestablecido, y a atribuir un valor inferior a aquellos cuadros que no cumplen con el cliché.

La crítica más reciente, comenzando por la difícil reconstrucción del catálogo total de los Gentileschi, intenta dar una lectura menos restrictiva de la carrera de Artemisia, colocándola más apropiadamente en el contexto de los diferentes ambientes artísticos en los que la pintora participó activamente. Una lectura semejante restablece a Artemisia como una artista que luchó con determinación, usando el arma de su personalidad y de sus cualidades artísticas, contra los prejuicios expresados en contra de las mujeres pintoras; consiguió ingresar productivamente en el círculo de los pintores más respetados de su época, abarcando una gama de géneros pictóricos que fue probablemente más amplia y variada que cuanto digan hoy las telas atribuidas a Artemisia, entre las cuales, no obstante, se incluyen algunas de su padre pues la separación entre ambos es muy compleja y difícil, dada la cercanía con la que trabajaron, tanto en técnicas como en temas. Las principales obras de la autora se recogen en la siguiente galería:

 


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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. klimtbalan
    Mar 03, 2011 @ 10:05:00

    Qué tiempos tan difíciles para las mujeres, sobre todo si querían hacer algo diferente a lo establecido.
    Viendo estas obras te das cuenta de que las formas “redondas” de los cuerpos femeninos, también son bellas. Fuera complejos!

    • Juan Muro
      Mar 03, 2011 @ 11:34:03

      Sí, pobres mujeres, consideradas mercancías y de segunda clase, cuando casi siempre superaban a los hombres que les rodeaban.
      ¿Complejos?, ¿Quién ha dicho complejos?. Reza el dicho castellano que “los hombres miran a las delgadas… pero se van con las gordas”. ¿Se puede disfrutar de quien tiene su cacho de carne más gordo en la oreja?. Así no hay quien sea feliz, te lo dice uno que se machaca en el gimnasio a diario.

  2. Romina Guerra
    Abr 08, 2011 @ 18:28:06

    Felicitaciones, un artículo muy interesante. Hace algunos años vi una película sobre Artemisia, y no había tenido oportunidad de ver más imágenes de sus trabajos. Realmente me llama la atención que dentro de los pintores clásicos y reconocidos como famosos, se encuentran casi sólo hombres. Así que cuando supe de la existencia de esta artista me puse muy contenta.
    Saludos! 😀

    • Juan Muro
      Abr 08, 2011 @ 19:32:16

      Hola Romina:
      Ciertamente vapuleada y maltratada por los hombres de la época (y de casi todas) la señora Gentileschi fue una gran artista, aunque (entre nosotros) el gran genio era su padre, busca sus pinturas y compáralas, si es que puedes, pues yo pienso que Artemisa pensaba lo mismo que yo de su padre y nunca se separó de él en el trabajo, a pesar de los feos que le hizo personalmente, de manera que sus obras son muy difíciles de separar.
      Saludos

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