La ejecución de Jane Grey


Una ejecución perfecta

Paul Delaroche. 1833

Óleo sobre lienzo 246×297 cms.

Cuando uno va a Londres una de las mejores cosas que puede ver es la National Galery, y una vez dentro de ella no podemos pasar por alto uno de sus mejores cuadros, de un pintor… francés. En serio, La Ejecución de Lady Jane Grey, de Paul Delaroche, es uno de los cuadros más famosos de la pinacoteca londinense. La pintura domina su sala de exposición –la 41–, por encima de otros muchos y excelentes cuadros. Es fácil localizarla, es de esas pocas pinturas que siempre tienen una multitud a su alrededor, tales son la atracción y la fuerza de la escena que representa. Sin embargo, ya puede ser fuerte que, como podremos comprobar, los espectadores tienden a fijarse en detalles que no tienen mucho que ver con el hilo narrativo que se pretende transmitir:

El lienzo escenifica la ejecución de la joven reina destronada Jane Grey (1537-1554), quien fue nombrada heredera de la corona de Inglaterra por su primo Eduardo VI. Sin embargo, la católica María Tudor I, quien tenía mayor ascendente para ser reina –era hermana de Eduardo VI y la hija mayor de Enrique VIII–, tenía otros planes. Tras reinar durante sólo 9 días, la protestante Lady Jane fue destronada por María y ejecutada meses después en la Torre de Londres. Y es la trágica figura de una jovencísima –tan sólo tenía 17 años–, culta e inteligente doncella –pero absolutamente desafortunada en la política y sin ningún control sobre su destino– la que ha perdurado para siempre en el imaginario del pueblo británico.


El cuadro muestra a una Lady Jane de ojos vendados y aspecto virginal, que está a punto de ser ejecutada por un verdugo en una oscura estancia de la Torre de Londres. En la escena Lady Jane es guiada a la pica de decapitación por Sir John Brydges, quien era Teniente de la Torre en aquella época. El verdugo aparece impertérrito a la derecha, y en el lado opuesto vemos a dos doncellas absolutamente desoladas por lo que va a suceder. Una de ellas está de rodillas, llorando, mientras que la otra está totalmente de espaldas y recostada sobre una de las paredes de la sala. Bajo la pica de ejecución vemos un montón de paja, preparada para absorber la sangre de Lady Jane en cuanto ruede su cabeza.


La ejecución de Lady Jane Grey es sin duda una espléndida obra de arte, tanto en su ejecución técnica como en su potencia a la hora de transmitir emociones al espectador. Sin embargo, la veracidad histórica de la escena deja mucho que desear. Es cierto que Lady Jane fue una de las cinco mujeres ejecutadas en la Torre de Londres pero, al igual que sus desafortunadas predecesoras, fue ejecutada al aire libre, en un área semi-privada, el patio frente a la Capilla St Peter ad Vincula –lugar donde se encuentra enterrada hoy día–. En este lugar fueron también ajusticiadas otras figuras importantes de la sociedad inglesa, y fue siempre utilizado para dar privacidad y evitar la publicidad de las ejecuciones allí realizadas. Es seguro que en el ajusticiamiento de Lady Jane Grey hubieron muchas más de cuatro personas presenciándolo, entre ellas guardias, políticos, clérigos católigos y demás autoridades públicas.
Además, se desconoce cuál fue el vestido que llevó Jane en su ejecución, pero lo más probable es que no fuera blanco; ella era una mujer casada, y en aquella época el blanco sólo lo llevaban las doncellas solteras. El cuadro nos presenta también a una Jane con cabellos largos y ondulados, pero es seguro que debió de llevar los cabellos recogidos en cola desde horas antes de su decapitación, por motivos evidentes.
A pesar de estas licencias históricas, se puede entender perfectamente que Paul Delaroche se sirviera de ellas sin ningún apuro, con un solo motivo: aumentar el drama de la escena, impactar al máximo en el espectador. Y este objetivo lo cubrió con creces. Sobrecoge contemplar La ejecución de Lady Grey, sentimos al momento todo el drama de la situación –que aunque fuera diferente en la realidad, no fue por ello menos triste y penosa, como veremos–, y por unos minutos desaparecemos del museo, no vemos ni sentimos otra cosa que la pintura de Delaroche, aún estando rodeados de cientos de personas, y vivimos por unos instantes la angustia de asistir como espectadores a uno de los actos más civilizadamente atroces que es capaz de concebir el ser humano.

Según la narración de la ejecución recogida en la anónima Crónica de la reina Jane y los dos años de la reina Mary, en cuanto Jane se situó frente a la pica de ejecución, dijo a los presentes:
“Buenas gentes, hoy vengo aquí a morir, condenada en juicio. La reina María había sido injustamente apartada del trono, injusticia consentida por mi persona. Con este acto, lavaré mis manos en inocencia, ante Dios y antes vosotros, en el día de hoy.”
Entonces, Lady Jane recitó el Salmo 51 (Ten piedad de mí, oh Señor…) en inglés –recordemos su adscripción protestante–, y se retiró los guantes, que entregó a una doncella. El verdugo le pidió el perdón, y ella se lo dió. Lady Jane le solicitó a su vez por una muerte rápida y le dijo: “una vez posada mi cabeza en la pica, ¿me quitará la venda con la que he de cubrir mis ojos?“, a lo que el verdugo respondió: “No, señora“.
A continuación, la joven se vendó los ojos. Jane se había resuelto a morir con dignidad, pero una vez tapados sus ojos, falló al intentar localizar la pica por sus propios medios. Este hecho la derrumbó; Jane comenzó a temblar y la invadió el pánico, y gritó: “¿qué debo hacer, dónde está… qué debo hacer?” Tras unos segundos de confusión en los que los acompañantes no reaccionaban, una mano desconocida, probablemente alguien del personal de la Torre, subió a la plataforma y ayudó a Jane a encontrar su camino a la pica, y así conservar su dignidad en sus últimos minutos de vida.
Con la cabeza apoyada en la pica, Lady Jane pronunció sus últimas palabras: “¡Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu!”. En ese instante fue decapitada.
De acuerdo con la tradición, su cabeza fue colgada junto al mensaje: “Así perecen los enemigos de la Reina. Arriba, la cabeza de un traidor“.

Paul Delaroche (1797 – 1856) fue un pintor francés fascinado por las historias épicas. En poco tiempo se convirtió en un artista muy respetado, con varias exhibiciones de éxito en los Salones de París. Se le otorgó la Legión de Honor francesa en 1828, y posteriormente se dedicó a la enseñanza.

La Ejecución de Lady Jane Grey se exhibió por primera vez en el Salón de París en 1834, donde causó sensación, y fue posteriormente adquirida y trasladada a Inglaterra por Lord Cheylesmore, en 1902. Sus descendientes la donaron a la National Gallery de Londres.
La escena de la ejecución de Lady Jane Grey fue pintada en 1833, y coincidió con la época Victoriana inglesa, en la que Lady Jane fue restaurada ante la opinión pública como una mártir de la causa protestante, masacrada finalmente por una monarquía católica intolerante e implacable. La pintura de la Ejecución de Lady Jane Grey casa perfectamente con esta visión, un tanto propagandística, y nos muestra a una dama de apariencia virginal, vestida de blanco y con los ojos tapados; su piel translúcida, inmaculada, desprende un halo de pureza. Todos estos factores enfatizan su inocencia ante el terrible castigo que tiene que afrontar. La trágica figura de Lady Jane resalta todavía más si cabe ante el hecho de que es la única figura de la escena que viste ropajes sencillos, claros y elegantes, mientras que los otros personajes lucen oscuros, con recargadas ornamentaciones de estilo Tudor, tan de moda en la época. El único punto débil y contradictorio de esta imaginería de mártir protestante consiste en el hecho de que la doncella arrodillada sujeta un rosario católico.


Un experimento curioso

La Ejecución de Lady Jane Grey fue una de las pinturas seleccionadas para un experimento que tuvo lugar en la National Gallery hace algunos años. Los participantes del experimento fueron invitados a observar el cuadro durante 20 segundos. Se monitorizó sus ojos con cámaras y se siguió el recorrido de los mismos durante este breve intervalo de tiempo. El objetivo del experimento es trazar el recorrido visual de un espectador medio a través de los puntos de máximo interés de la imagen. El resultado fue el siguiente:


El punto inicial de atención de todos los participantes fue, evidentemente, la figura de Lady Jane Grey. Después, los ojos bajaron por su brazo y se posaron en la pica de ejecución. Se desplazaron a la derecha, fijándose en el hacha y después en la cara del verdugo. La figura del Teniente de la Torre de Londres apenas fue percibida, y de las dos doncellas, fue la mujer de espaldas quien más atención consiguió.
El experimento también mostró otro detalle, en realidad poco sorprendente: al final los espectadores, tanto hombres como mujeres, fijaron su atención detalladamente en… lo bien armado que estaba el verdugo.

De la serie ‘Que ver en Londres’ de http://www.3viajesaldia.com
Anuncios

6 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ana
    Mar 14, 2011 @ 18:53:41

    Qué historias tan intensas nos cuentas. Cómo me gustan!
    Dicen que los ilustradores se diferencian de los pintores, entre algunos asuntos, en que los primeros se ven sometidos a dibujar una historia ya creada, contándola o interpretándola. En el caso de Delaroche, como tantos otros, que tanto le gustaban las historias de la Historia, ésta no es precisamente una diferencia con los ilustradores. Pinta e interpreta libremente una historia que ya está escrita.
    No sé qué traje llevaría Lady Jane Grey, pero con éste estaba divina.

    Ana N.

    • Juan Muro
      Mar 14, 2011 @ 19:07:41

      Me encanta que te gusten las historias de los dibujantes. ¿Pintores o ilustradores?. Da igual, somos lo mismo. Esta diferenciación comenzó en el siglo XX cuando la imprenta fue capaz de reproducir los cuadros a todo color y con suficiente calidad. Entonces a los pintores comenzaron a lloverles encargos de ilustraciones y las clases pudientes, por exclusividad, comenzaron a llamar ilustradores a quienes caían en la tentación del ‘dinero fácil’ y se atrevían a mostrar al pueblo lo que a los ricos les había estado dedicado en exclusiva hasta el momento.
      Sí, Lady Jane estaba divina hasta para morir

  2. Anna
    Mar 14, 2011 @ 19:39:14

    Magnifico todo lo que nos has contado sobre el cuadro, que maravilla saber dibujar así de bien para luego poder realizar una pintura tan fantastica.
    A mi ademàs del personaje de lady jane Grey, me parece muy atractivo el del verdugo.
    Tambien me gustan mucho los dibujos en los que se ve los bocetos que hacian estos grandes pintores antes de llevar a cabo sus obras

    Un abrazo

    Anna

    • Juan Muro
      Mar 14, 2011 @ 21:24:17

      Pues cuánto me gusta que digas lo de los bocetos Anna, porque en realidad yo no sé hasta qué punto gustan si nadie comenta nada sobre ellos, pero en los bocetos está la idea original y se ve la intención del autor y cómo ha desarrollado la idea que vemos en la obra final. En cuanto a este cuadro, me parecen muy curiosos los personajes secundarios, pero ¿has visto qué manos pintaba este tío?

  3. cristina
    Mar 15, 2011 @ 13:23:14

    Ay! Ayer en vez de Jane Grey leí Zane Grey…Así andamos! No sé si podré resistir tanta belleza!
    Uffffffffff!!!!!!!!!!!

    • Juan Muro
      Mar 15, 2011 @ 13:48:08

      Oh! Zane Grey, aún recuerdo de pequeño las colecciones de novelas del Oeste firmadas por ese nombre, que no sé ni quién era. Pero mientras en inglés Zane se pronuncia ‘Çeiny’, Jane se pronuncia ‘Yein’, y seguro que era más bella, refinada e interesante que el escritor, ¿no? Descuida, elDibujante no te hablará de novelistas baratos, siempre te traerá historias complejas y profundas que inquietarán tu dulce espíritu. (Sí, abuela, ya me callo)

A %d blogueros les gusta esto: